sábado, 21 de junio de 2008

LA SOCIEDAD DE LOS POETAS MUERTOS

columna: LA OTRA VERSION

Periodico: EL CORREGIDOR

Estrella Álvarez

No es caída estrepitosa, es caída libre. 1ª parte

Era el año de 1996, todos daban por ganador al entonces abanderado del PRI al gobierno del estado de Querétaro, Fernando Ortiz Arana, nadie en ese entonces imaginaba lo que ocurría algunas semanas después.

Al inicio del proceso electoral, todos, absolutamente todos daban por sentado que Ortiz Arana era el bueno, el próximo gobernador. El PRI tenía en ese entonces muchos gobiernos municipales, diputados locales y federales, vivía su dream.

Además Ortiz Arana y su equipo ya actuaban como en el gobierno, ya existía el llamado equipo de transición, tenía la más amplia cobertura mediática, nadie se atrevía a decir que no, eran primeras planas, “las de ocho” como se dice en el argot periodístico ante el “próximo gobernador”.

Lejos, a nadie les interesó un empresario del entonces segundo lugar de preferencia electoral. Nadie quería esa candidatura, pero Ignacio Loyola Vera, fue abanderado al gobierno del estado, acompañado en ese entonces por Diego Fernández de Cevallos, figura emblemática que lo acompañaría por los próximos seis años.

Recuerdo bien ese arranque de campaña, me tocó dar cobertura al mismo, era una fuente que no interesaba mucho y se me asignó porque iba iniciando en el periodismo. Cayó una lluvia fuerte y muy pocos fueron los asistentes.

En el transcurso de la campaña electoral comenzó una caída libre “del bueno” a pesar de que en ese entonces con el control mediático no se le permitió ver la realidad y todo era “maravilloso”, iba en caballo de hacienda.

Es en este sueño “maravilloso” de egos, cuando en un periódico de circulación nacional apareció una encuesta donde se reflejó lo que en realidad ocurría en la entidad: la preferencia electoral iba por otro lado y daban por bueno a quien no se le daba cobertura mediática, Ignacio Loyola Vera.

Pero contrario a lo transparente como toda democracia utópica, los ejemplares de este diario “fueron comprados todos”, lo importante era “no inquietar” a los queretanos, y eso que a las autoridades de comunicación social local aseguran que no les interesan los periódicos nacionales.

La realidad se palpó aún más con la movilización magisterial que se vivió por varias semanas en plena campaña electoral, eso provocó mayor descontento, y aunque no fue lo de fondo si un chispazo para el cambio del partido en el poder.

Aún en plena jornada electoral los equipos de campaña operaban como partido en gobierno –como en todos los que han ejercido el poder sin transición partidista-, era inconcebible pensar en una derrota cuando ya tenían listos los festejos, cena y todo lo impensable.

En el búnker de Ignacio Loyola y de Francisco Garrido en un conocido hotel de la ciudad había poca gente, la de campaña y los dirigentes partidistas, pero cuando se anunció el triunfo electoral no se creía ni por ellos, tardaron en salir, como siempre, Loyola junto a Diego Fernández de Cevallos, su sombra que lo acompañaría en el sexenio.

De ahí, comenzó a llegar la gente, incrédula, se veían figuras nuevas del panismo, que comenzaron a inundar las filas, al final se aplica el adagio de muerto el rey, viva el rey. Si, el empresario que no tuvo la cobertura mediática había herido de muerte por acuerdos o no entre cúpulas, a quien se dijo al funcionario “gobernador”, aquél que fue candidateable a la presidencia de la república.

Platicaba con un panista sobre los llamados candidatos oficiales, de “los buenos”, los “electos”, los “casi gobernadores”. De eso hablaremos la próxima, de los tiempos de la política.